Carlos Prieto Rodríguez. Nació el 19 de marzo de 1886 en Guadalajara, Jalisco, y murió (posiblemente) el 30 de enero de 1915 en San Felipe Torres Mochas, Guanajuato. Heredó su nombre de su abuelo materno -mi tatarabuelo- Carlos Rodríguez Camarena, aunque uno de sus tíos, hermano de su padre, llevaba el nombre de Carlos Víctor Prieto González Bango.  Hizo estudios de ingeniero y una de sus obras importantes fue el diseño de la Colonia del Carmen, Chimalistac, en San Ángel, misma en la cual vivió, primero en la Calle del Río y luego en Rafael Checa, la familia.  Mi papá nació en la Calle del Río  -hoy Joaquín Gallo.

 

Carlos Prieto Rodríguez se hizo famoso durante la Revolución por su habilidad técnica.  Francisco L. Urquizo, en sus “Memorias de Campaña”, hace frecuente mención del "inventor  Carlos Prieto.  En la maestranza ferrocarrilera de Piedras Negras, mi tío Carlos, usando ejes viejos de vagones de ferrocarril, fabricó al menos tres cañones.  Dos de ellos se hicieron famosos por la precisión con la que disparaban;  se trata de “El Rorro” y “El Niño”. Había diseñado un cerrojo desmontable -conocido como 'cerrojo Prieto', que podía desmontarse con gran facilidad del cañón, si había que emprender rápidamente la retirada (lo porta en su mano el Coronel Patricio de León, parado tras el cañón).  En otra maestranza era entonces suficiente con tornear el cañón (tubo) y volver a utilizar el mismo cerrojo, que era la parte más difícil de hacer.  A continuación cuento la historia completa.

Carlos Prieto se unió, a raíz de la Decena Trágica, al Ejército Constitucionalista, bajo las órdenes del entonces Coronel Pablo González.  Mi tío Carlos alcanzó el grado de Mayor.

El General Manuel W. González, en su libro  “Con Carranza. Episodios de la Revolución Constitucionalista 1913-1914”, dedica a Carlos Prieto un Capítulo,  “El ‘Parte’ de Carlos Prieto”, que muestra ese carácter irónico que solía distinguir a los Prieto.  Citaré parte de ese capítulo:

Sucede en octubre de 1913, en la batalla de San Nicolás de los Garza, Nuevo León, precisamente el día 24, y dice así.

“...el General González recibió parte del Tte. Corl. Sánchez Herrera, notificándole sus avances y pidiendo con urgencia  el cañoncito “El Rorro”.  -Entonces el General en Jefe, que se hallaba dirigiendo el combate desde la Estación del Golfo, ordenó al Mayor Carlos Prieto que llevara el cañoncito y fuera a ver los avances de Sánchez Herrera, sobre todo porque éste decía que ya estaba tomada la Penitenciaría.  -Al Mayor Prieto le pertenecen los honores de haber dado la nota humorística a este tremendo combate, pues de él fueron las frases notables y verídicas que consigno en este relato, debiendo primero advertir que Prieto era un joven como de 26 años, creo que estudiante de Ingeniería, seriote como un poste, pero con cierta ironía en sus palabras;  era sereno y valeroso hasta la exageración y muy apreciado por Jefes y compañeros.  Como una hora más tarde volvió Prieto a rendir el “parte” que lo hizo famoso entre nosotros y que por casualidad escuché, porque en esos instantes había yo llegado al Cuartel General a pedir parque para el Corl. Ricaut y su gente.  -Llegó y se cuadró militarmente delante de Don Pablo y dijo: 'Mi General: llegué hasta donde está el Tte. Corl. Sánchez Herrera y su gente.  -El Tte. Corl. dice que la Penitenciaría está tomada;  esto carece de veracidad.  -Él sí está “tomado” y su fuerza también.  El Tte. Corl. Sánchez Herrera deseaba que yo subiera el cañón arriba del techo de una casa para atacar a la Penitenciaría, pero yo le signifiqué que sería más fácil bajar el techo y ponerlo debajo del cañón'.  -Y esto lo dijo con toda seriedad y muy pausadamente, porque así hablaba siempre, y como el Gral. González también fue siempre muy parco en el hablar, se concretó a decir:  'Muy bien Mayor, vaya Ud. a su puesto'.  Los presentes soltamos el trapo, riéndonos francamente, pero ellos quedaron como si tal cosa y aquel “parte” corrió después de boca en boca en los campamentos revolucionarios.

“Pero este “parte” de Prieto ocasionó que el Gral. González mandara practicar una inspección a los sectores con el desagradable resultado de saberse que un 90 por ciento de nuestra tropa estaba en estado de ebriedad, pues habían abierto cantinas y depósitos de licores, aunque esta información se vino a recoger ya como a las tres de la tarde, ocasionando serio disgusto del General en Jefe, y ya veremos sus consecuencias.”

Durante la Convención de Aguascalientes estuvo presente mi tío Carlos, ya con el grado de Coronel.  Tuvo una importante intervención en ella, la cual lo condujo a la muerte.

Ésta es la historia como la contaba mi familia1El Licenciado Don Antonio Díaz Soto y Gama había sido un burócrata fiel al usurpador Victoriano Huerta, aunque no era ningún convencido, sino más bien un convenenciero.  Dicen que Emiliano Zapata le traía ganas, y cuando Díaz Soto y Gama supo que lo andaban buscando, ya que era amigo de mi bisabuelo Raúl, se fue a su casa, ahí en Tacubaya, en la calle ahora llamada Primero de Mayo, y buscó refugio ahí, escondiéndose debajo de la cama.  A fin de cuentas fue apresado por Zapata, pero le resultó simpático e inteligente y, como era de buen hablar, Zapata lo aceptó en sus filas y, meses después, lo mandó como delegado a la Convención de Aguascalientes, que daría comienzo el primero de octubre de 1914.

A mediados de octubre de 1914, mi abuelo don Julio estaba en Aguascalientes y hacía guardia en la entrada del Palacio, cuando llegó Díaz Soto y Gama, como delegado de Zapata,  saludándolo.  En su intervención en la Convención, hizo un discurso demagógico sobre el programa agrario del Plan de Ayala, el cual concluyó conminando a los asistentes a que se acercaran a besar el lábaro patrio.

Inmediatamente después de esta intervención, toco su turno a mi Tío Carlitos, quien inició diciéndole a don Antonio:  “Es usted una vieja epiléptica, es usted un merolico de plazuela...

Mi tío Carlos murió unos meses después, en San Felipe Torres Mochas, Guanajuato, asesinado por sus propios compañeros por un tiro en la espalda, presuntamente por órdenes de Carranza, como venganza por su valiente actuación en la Convención de Aguascalientes.

 

1Mi tío Pedro Landázuri Prieto (primo hermano de mi padre), quien tenía una prodigiosa memoria, me contó la historia que aquí narro.

(En la foto de grupo, de izquierda a derecha: Lucio Dávila, Jacinto B. Treviño, Ingeniero Carlos Prieto Rodríguez, José Galindo, Pedro de León, Coronel Patricio de León, Leonardo de León, General Venustiano Carranza, Francisco L. Urquizo y Juan Dávila, con ‘El Rorro”.)